Ya casi todos sabéis que suelo pasar unos días al año en Francia. Nos encanta ese país y está a tiro de piedra en coche. Además alquilar una casa rural una semana nos cuesta más barato que en España y tenemos la ventaja de las agradables temperaturas del norte. En verano vamos siempre al Perigord. Habitualmente nos alojamos cerca de Bergerac, zona de viñedos y pueblos medievales preciosos. Soy muy glotona y me encanta comer ciertas cosas de allí como los quesos típicamente franceses, las fresas de la zona (¡increíble lo ricas que están!), y cómo no, los croissants. Dentro de poco os contaré más de esta zona por si os animáis a visitarla con vuestra familia.
El año pasado, en una de las excursiones que solemos hacer, di con una muchacha con una cara muy dulce, y que vendía sus ilustraciones en un carrito situado en una plaza de una de estas típicas ciudades medievales que os comento. Eran unos dibujos muy tiernos y sencillos. Me enamoraron desde el primer momento y le compré un par de láminas para decorar el cuarto de Mollete. No sabía si estaba allí de paso o si residía cerca y era un punto de venta habitual para ella. Pero desde luego supe que me encantaría volver a ver a Mam'zelle Rouge. Así que este año, cuando volvimos, iba muy pendiente de encontrarla, porque me apetecía comprar alguna lámina más. Y afortunadamente ¡allí estaba!



